30/8/09
20/8/09
Se puede
17/8/09
Lo que dije del dije
Es difícil andar a lo rana por la vida. Uno (quiero decir yo, siempre quiero decir yo) tiene la tendencia a sentirse esa mosca o mosquito, apunto de ser tragado por la rana.
13/8/09
30/7/09
4 haikus de José Juan Tablada
Trozos de barro,
por la senda en penumbra,
saltan los sapos.
En Liliput
Hormigas sobre un
grillo, inerte. Recuerdo
de Guliver en Liliput...
Peces voladores
Al golpe del oro solar
estalla en astillas el vidrio del mar.
Panorama
Bajo de mi ventana, la luna en los tejados
y las sombras chinescas
y la música china de los gatos.
Juan Tablada (Ciudad de México, México; 1871 - Nueva York, Estados Unidos; 1945) fue un poeta, periodista y diplomático mexicano.
En 1890, con 19 años, empieza a colaborar en El Universal. Modernista en su primera etapa, defiende esta corriente en la Revista Moderna, en la cual publica y traduce artículos entre 1889 y 1911.
Interviene en política, llegando a ocupar puestos diplomáticos en Japón, Francia, Ecuador, Colombia y Estados Unidos. Además integra la Academia Mexicana de la Lengua.
En su viaje a Japón, en 1900, muestra interés por "el ejemplo naturalista de los japoneses" cuya estética, según él, permite una "interpretación plástica" de la naturaleza.
Tras la caída del gobierno de Victorian Huerta, en 1914, se asienta en Nueva York, donde luego ejercería el cargo de vicecónsul de México hasta su muerte. En sus escritos hizo uso indiscriminado de metáforas, como luego lo harían los ultraístas. Además escribió caligramas al mismo tiempo que Guillaume Apollinaire.
Es considerado el primer mexicano en estudiar el arte hispanoamericano, tanto el precolombino como el contemporáneo. Influyó y apoyó a artistas como Ramón López Velarde, José Clemente Orozco y Diego Rivera entre otros.
Tablada también es reconocido como el iniciador de la poesía moderna mexicana, y se le atribuye la introducción del haikú en la literatura hispana. (de "Wikipedia")
23/7/09
1/4/09
El prisionero
quedarás aquí, cuando salgas.”

Podría haber pasado un año o un siglo. No lo sé. Podría estar muerto. Ni siquiera recuerdo porque estoy aquí. No recuerdo el terrible crimen que alguna vez cometí.
Lo que recuerdo es que al principio traté de escapar, luego con cada intento se me agotaron las fuerzas y las esperanzas.
Durante días y noches interminables consideré el suicidio. Pero hubiera sido muy fácil: Dejar de beber el agua y comer ese caldo que me trae el guardia sin rostro. Pero soy muy cobarde o muy valiente. Hasta las palabras han perdido para mi su antiguo significado: valiente y cobarde, años y segundos, yo y esta prisión. Todo es ya lo mismo, todos los nombres dicen la misma cosa.
A veces, lo que más temo es que la pesada puerta de hierro se abra, y ya no sepa de que lado estoy.
10/3/09
Casa de los tigres
9/3/09
Pequeñeces






Juan Gelman